René Alejandro Muñoz Mayorga
Profesor de Historia y Geografía
Magíster en Alta Dirección y Gestión de Instituciones Educacionales
Educar para participar: el gran desafío para la educación chilena. Una mirada desde lo concreto y lo cotidiano
La formación ciudadana en Chile debe dejar de ser un conjunto de buenas intenciones sin un norte claro. Si bien, desde la promulgación de la Ley 20.911 en el año 2016 la cual obliga a implementar Planes de Formación Ciudadana en todos los establecimientos educacionales, está aún se percibe como un espacio secundario frente a otras prioridades curriculares.
Aunque dicha ley establece cinco ejes claves: democracia y participación ciudadana; desarrollo sustentable y cambio climático; ciudadanía, memoria y derechos humanos; ciudadanía digital; y enfoque de género y diversidad. Sin embargo, su implementación real continúa siendo débil, y muchas veces se reduce al cumplimiento formal por parte de los sostenedores, en lugar de generar aprendizajes significativos que potencien a los futuros ciudadanos como agentes de cambio.
En el contexto social actual, donde la participación y el compromiso democrático son más urgentes que nunca, formar ciudadanos plenos, conscientes y activos no puede seguir siendo una tarea postergada. La llamada sociedad de la información —centrada en el acceso a datos— debe dar paso a una verdadera sociedad del conocimiento, sustentada en la reflexión crítica, el diálogo y la acción consciente; en otras palabras, en un pensamiento operante y coherente con la realidad. No obstante, la apatía cívica continúa en aumento, y el sistema escolar actual (en la mayoría de los casos), no ha podido revertir dicha tendencia.
El débil involucramiento familiar también es un factor importante que incide directamente en la formación ciudadana. Muchas familias no logran participar activamente en la educación de sus hijos, delegando toda la responsabilidad al establecimiento. Esta desconexión limita la construcción de una cultura cívica compartida y refuerza la idea de que la ciudadanía se aprende solo en la escuela, cuando en realidad es un proceso que debe involucrar activamente a todos los actores de la comunidad educativa.

